La importancia de los clubes de barrio

Gastón. M. M. Argeri

La gran mayoría de los tandilenses hemos ido alguna vez a un club de barrio a ejercer algún deporte. En mi caso tuve la suerte de poder hacer muchos deportes y de todo tipo. Desde tenis, hockey, rugby, natación, waterpolo hasta karate. El deporte en el club estuvo presente a todo momento.

Recuerdo con mucho cariño todo lo vivido. No solo por el deporte persé, sino por esa chequera de vínculos que se vivían. El Club de Barrio es un instrumento de integración social, donde todo niño, niñas y adolescente, y hasta los progenitores de distintas situaciones sociales se encontraban para disfrutar de un momento en común.

Es el día de hoy que sigo conservando amistades de esos años y no falta la ocasión de encontrarme a alguien en la calle que me diga que practicamos un deporte juntos.

Pero más allá de lo personal, quería hablarles de esta política pública tan indispensable para estos tiempos que vienen. ¿Qué generan y que dan estos espacios?. Al participar y asistir a un club sentís que perteneces a un lugar, de tener identidad con un espacio físico pero también intangible, con lazos difíciles de expresar, por el inmenso compromiso y representatividad que pasas a tener, espacios ricos en vivencias.

Hay un nivel educativo implícito, distinto a lo normativo que enseña en valores, en enseñanzas que se hacen propias gracias a las vivencias. Cuando se va a practicar un deporte o un taller de distintas ramas del arte, se genera el espacio para fortalecer vínculos afectivos y responsabilidades que son esenciales a la hora de formarse desde pequeño.

Como también es un espacio de contención social, que ayuda a muchos niños y niñas a tener herramientas para salir adelante. El último estreno de Netflix con la serie Apache, que cuenta la vida de Carlos Tevez es un buen ejemplo de esta situación. All Boys y los demás clubes donde fue “Carlitos” eran lugares de recreación, de esperanzas, de amistad y de valores. Allí, eran todos iguales y ese sentido de pertenencia tiene que seguir perdurando si creemos en las bondades que dejan lo clubes y los espacios sociales que brindan más que una actividad deportiva y/o artística.

Don Bosco decía “la libertad de la personalidad se muestra en los espacios abiertos”. El club tiene que ser un espacio para soñar, de integrar a la sociedad, sin importar clase alguna (socioeconómica). Con muy pocas partidas económicas por parte del Estado se pueden dar grandes resultados si hay una administración responsable, pudiendo llegar a generar espacios de participación para adolescentes que hoy están y pasan mucho tiempo fuera de sus casas, sin saber a dónde ir.

Además, con una ciudad que se prepara en un futuro no muy lejano a superar la barrera de los doscientos mil habitantes, en el caso de Tandil, los clubes de barrio sirven como foco de vecindad. Como espacio de empoderamiento vecinal, donde se pueden tratar problemas del barrio o directamente como un lugar donde los vecinos se encuentran. Ya sea para jugar un deporte o hacer uso de las instalaciones para jugar a la canasta o tomar algo en la cantina.

No por nada se habla tanto de Tandil, como la cuna de grandes tenistas, de importantes futbolistas, entre otros deportes, porque la dirigencia local, y esos grandes profesores, entrenadores, en muchos casos hasta cumpliendo el rol de padre y madre, dan y acompañan a esas/os chichas/os día a día con muchísimo compromiso y responsabilidad.

Si queremos un Tandil Soñado, necesitamos cuidar estos lugares porque cumplen una función multidimensional, con virtudes en todas sus aristas. Hoy en día están cerrando muchos, otros se vienen abajo porque los años dorados pasaron. El deterioro es evidente, pero hay algunos que a base de una buena administración y amor de sus dirigentes tienen un club en excelentes condiciones.

Soy un convencido que el poder es heterogéneo, son muchas las personas e instituciones que tienen en sus manos cierto nivel de poder de transformación. Por eso, es indispensable que pensemos, que soñemos, que hagamos todo en equipo.

Juntos los tandilenses podemos realizar lo imposible. Estos vínculos que supimos cosechar se deben agrandar, y los clubes de barrio, son uno de los tantos dispositivos que multiplican los vínculos y las virtudes de la buena vecindad.